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Más que un mito, es una verdad como una montaña. Seguro que más de una vez, y sobre todo después de una gran comida, que sientes unas ganas increíbles por domir un rato. Así sea cinco minutos. Es una respuesta que no podemos controlar. Y nos preguntamos: ¿a qué se debe?

Según el invstigador Denis Burdakov, de la Universidad de Manchester en Inglaterra, la razón de ese sueño que sentimos después de la comida se debe a las variaciones de la glucosa en la sangre. Ésta hace descender las orexinas, es decir, los péptidos producidos por neuronas especializadas situadas en el hipotálamo. Estos péptidos están relacionados con diversos proceso fisiológicos, desde el control del sueño hasta el hambre. Las personas con menos cantidad de orexina sufren narcolepsia y obesidad.

En estudios sobre células, se ha demostrado cómo la ingesta de azúcar puede disminuir la actividad de las células orexina (enlace al estudio). Asimismo, el consumo de alimentos ricos en proteínas puede aumentar la actividad de las neuronas de orexina (enlace al estudio). Esto último supone un aumento del metabolismo y la actividad física que supone un extra en el gasto calórico.